Los dioses bendigan las redes sociales. Hace poco más de una hora estaba a punto de irme a dormir. He entrado en Facebook casi inconscientemente, porque tampoco es que le dedique demasiado tiempo ni había recibido ningún mail automático avisando de mensajes o posts en el Wall. Estaba echándole un vistazo al perfil cuando me he fijado en una sección donde aparecen perfiles aleatorios como sugerencias para que los agregues, y he visto alguien con nombre y apellidos que me han recordado a un imbécil que en mis épocas de quinceañero me incordió bastante. He tenido un golpe de curiosidad, y he intentado buscar a ese indeseable, pero las búsquedas no han dado con nada (cosa normal, no es la típica persona a la que veo registrada en redes de este tipo). Iba a cerrar la ventana, pero de repente se me ha ocurrido probar otra cosa radicalmente distinta. Uno de los campos de la búsqueda es el centro escolar o universidad, y he escrito "Lycée Français de Valence", a ver si me sonaba algún nombre. Y en la primera página, entre los nueve o diez primeros resultados, se encontraba un buen amigo mío del colegio. Increíble. Le he agregado, y en otra pestaña he seguido recorriendo la lista de resultados, sonriendo ante cada nombre reconocido.
Lo cierto es que no creía que me agregara: o no se acordaría (aunque es uno de los dos con los que seguí viéndome una vez me vine a vivir a Gandía) o ni entraría en Facebook, porque no tenía ni siquiera una foto en el perfil. Apenas unos minutos más tarde, mientras todavía estaba revisando la lista de alumnos del liceo, he visto que tenía un aviso de Facebook: alguien me había escrito en el Wall. ¡Y era mi viejo amigo! Hemos intercambiado algunos posts y algunos mensajes privados, contándonos la vida y todas esas cosas que se dicen quienes hace años que no saben del otro. Que si estudio tal cosa, que si un amigo hace la misma carrera que tú... He preguntado por alguna otra persona más a la que echo de menos, lo que nos ha hecho recordar viejos tiempos, cuando éramos niños y hacíamos el tonto en clase. Al final, viendo que todos seguimos viviendo relativamente cerca y que se acerca el verano, hemos hablado de vernos y ponernos al día.
Lo cierto es que esto es lo típico que se dice: "a ver si quedamos", "nos vemos algún día"..., y luego nada. Es posible, aunque, por alguna razón, confío en que no será así. A pesar de esa posibilidad, la alegría de hacer retomado el contacto, aunque sea simplemente de una forma tan poco sólida como esta, la alegría de saber que ya puedo volver a ver a esa gente que creí que había quedado atrás, ya ha valido la pena. He pasado muchos ratos desde que dejé el liceo pensando en todos aquellos amigos que probablemente nunca volvería a ver, pero volver a hablar con uno de ellos después de tantos años ha sido genial. Ojalá esto no se quede en la típica promesa vacía.





















