viernes, mayo 23, 2008

KEEP YOUR FRIENDS CLOSE

Escuchando: Tired, de Adele.

Los dioses bendigan las redes sociales. Hace poco más de una hora estaba a punto de irme a dormir. He entrado en Facebook casi inconscientemente, porque tampoco es que le dedique demasiado tiempo ni había recibido ningún mail automático avisando de mensajes o posts en el Wall. Estaba echándole un vistazo al perfil cuando me he fijado en una sección donde aparecen perfiles aleatorios como sugerencias para que los agregues, y he visto alguien con nombre y apellidos que me han recordado a un imbécil que en mis épocas de quinceañero me incordió bastante. He tenido un golpe de curiosidad, y he intentado buscar a ese indeseable, pero las búsquedas no han dado con nada (cosa normal, no es la típica persona a la que veo registrada en redes de este tipo). Iba a cerrar la ventana, pero de repente se me ha ocurrido probar otra cosa radicalmente distinta. Uno de los campos de la búsqueda es el centro escolar o universidad, y he escrito "Lycée Français de Valence", a ver si me sonaba algún nombre. Y en la primera página, entre los nueve o diez primeros resultados, se encontraba un buen amigo mío del colegio. Increíble. Le he agregado, y en otra pestaña he seguido recorriendo la lista de resultados, sonriendo ante cada nombre reconocido.

Lo cierto es que no creía que me agregara: o no se acordaría (aunque es uno de los dos con los que seguí viéndome una vez me vine a vivir a Gandía) o ni entraría en Facebook, porque no tenía ni siquiera una foto en el perfil. Apenas unos minutos más tarde, mientras todavía estaba revisando la lista de alumnos del liceo, he visto que tenía un aviso de Facebook: alguien me había escrito en el Wall. ¡Y era mi viejo amigo! Hemos intercambiado algunos posts y algunos mensajes privados, contándonos la vida y todas esas cosas que se dicen quienes hace años que no saben del otro. Que si estudio tal cosa, que si un amigo hace la misma carrera que tú... He preguntado por alguna otra persona más a la que echo de menos, lo que nos ha hecho recordar viejos tiempos, cuando éramos niños y hacíamos el tonto en clase. Al final, viendo que todos seguimos viviendo relativamente cerca y que se acerca el verano, hemos hablado de vernos y ponernos al día.

Lo cierto es que esto es lo típico que se dice: "a ver si quedamos", "nos vemos algún día"..., y luego nada. Es posible, aunque, por alguna razón, confío en que no será así. A pesar de esa posibilidad, la alegría de hacer retomado el contacto, aunque sea simplemente de una forma tan poco sólida como esta, la alegría de saber que ya puedo volver a ver a esa gente que creí que había quedado atrás, ya ha valido la pena. He pasado muchos ratos desde que dejé el liceo pensando en todos aquellos amigos que probablemente nunca volvería a ver, pero volver a hablar con uno de ellos después de tantos años ha sido genial. Ojalá esto no se quede en la típica promesa vacía.

viernes, mayo 16, 2008

HMM... QUÉ LINDO

Escuchando: Winter Sleep, de OLIVIA. La canción de la semana.

Han sido unas vacaciones como hacía tiempo no pasaba. Necesitaba unos días así, de absoluta falta de preocupaciones, mil cosas que hacer y diez mil conversaciones. Volví a ver a mis hermanitas, a Chris, a Gabriel, a Leandro, a Luisa, a Any, a Jonathan, y conocí a todos los nuevos: Laura, Christian, Álvaro, Lalo, Jaime... Nos divertimos en las fiestas, comimos kebab (no estuvo a la altura del recuerdo), fuimos a KFC e incluso nos permitimos rememorar viejos tiempos tomando un McFlurry mientras maldecíamos el wifi de McDo.

Lo que fue terrible fue el viaje de regreso. Me encanta viajar, el mismo hecho de hacer horas en un avión, un tren o lo que sea, pero ayer todo fue mal. Para empezar, la noche anterior acabamos yendo a dormir tardísimo, incapaces de dejar de hablar incluso con la luz apagada. Tenía que coger un autobús a las siete, así que puse la alarma sobre las 5:30, contando con que la retrasaría (esos famosos cinco minutos más). Nos despertó la llamada de Luisa, a las 7:50, preguntando dónde estaba yo, que ella había ido a la estación a despedirme. Tardé un par de segundos en ser consciente de que había perdido el tren para el que había comprado billete el día anterior, y con él, el avión a Madrid y el tren a Valencia. Ana miró la hora y calculó que tenía diez minutos antes del próximo bus. María me hizo darme prisa: me cambié rápidamente, ni me lavé la cara, acabé de guardarlo todo, y me despedí de las dos, saliendo disparado hacia la parada. Cogí el bus, llegué a la gare y pregunté por los próximos trenes a Marsella. Mis opciones eran un TGV o un regional: media hora de más tardaba el segundo, y la diferencia de precio eran 3 euros. Acabé llegando poco antes de las nueve a la ciudad del Olympique, y corrí para comprar el tiquet del bus que lleva al aeropuerto. Era un viaje de entre 30 y 45 minutos, y respiré aliviado, pensando que, salvo un atasco colosal, llegaría con tiempo de sobra. Así fue, y pronto me encontraba en la ridícula y diminuta segunda terminal del aeropuerto Marseille-Provence.

Pero el destino quería jugar conmigo, y megafonía anunció que el avión con destino a Madrid saldría con cuarenta minutos de retraso. Hice cuentas mentalmente y supuse que tendría tiempo de llegar a la estación de Atocha, pero finalmente el retraso nos hizo llegar una hora más tarde de lo previsto a la capital, y mientras esperaba la maleta, con sólo una hora por delante para enlazar tres metros y cruzar Madrid, llamé a Jesús, preguntándole si podría hacerlo. Me dio ánimos, pero los dos sabíamos que tendría que correr, correr mucho.

Me hice daño, tropezando más de una vez con mi pesada maleta o con las de otros, fui testigo de la actividad de dos carteristas en el metro, e incluso llegué a reconocer a muchos que, como yo, habían salido desde Barajas y se dirigían a Atocha, pero nada pude hacer contra los inexplicables retrasos de la línea 8, que se detuvo varias veces dentro de los túneles y nos retuvo casi cuatro minutos en la última estación, ya en el andén pero sin abrir las puertas. Salí de la línea 8 para coger la 10, que más tarde enlacé con la 1, pero entré en Atocha a las 15:19, justo un minuto antes de la salida de mi tren. Confié en un retraso, y corrí como si los trasgos de Moria fueran tras mis pasos, pero lo único que encontré fue la puerta de acceso al andén ya cerrada. El Alaris seguía allí, quieto, casi burlándose de mí, y unos segundos más tarde comenzó su viaje hacia Levante. Había perdido el tren, había perdido un tren de larga distancia por primera vez en mi vida.

No era el único, de todos modos. Acudí a información, donde escuché que la señora que tenía delante había perdido el mismo tren. Nos dirigieron a Atención al cliente, y allí sellaron nuestros billetes, encaminándonos ahora a las taquillas, para que los cambiáramos. Allí estuvimos alrededor de media hora, y descubrí que esta señora, curiosamente, era francesa, aunque llevaba veinte años aquí. Durante todo el tiempo que duró la espera conversamos en francés, y nos despedimos cuando ella ya hubo canjeado su billete. Me hice con uno para el siguiente Alaris, el de las 17:00, y afortunadamente sólo me costó 8'75€. Los siguientes cuarenta minutos los dediqué a pasearme por la estación, e incluso intenté cambiar de nuevo mi billete, porque en la lista de trenes diarios que salen de Atocha indicaba que ese Alaris llegaba hasta Gandía, así que sería más cómodo que cambiar de tren y subir al cercanías de siempre. Pero no hubo suerte, por alguna extraña razón, ese listado no era correcto, y el Alaris se detenía en Valencia.

Finalmente subí al tren, volví a comprobar que no es tan cómodo como el Euromed y pasé las más de tres horas durmiendo, leyendo, jugando a la DS y mirando el llano paisaje de Castilla-la-Mancha. Llegamos a la capital del regne, fui atracado por la taquilla automática al pagar 3'95 por un simple billete y una hora más tarde me encontraba ya en el coche, camino de casa, después de una semana inolvidable.

lunes, mayo 05, 2008

EL CULO DEL MUNDO

Escuchando: Time to Pretend, de MGMT.

Llevo muchos días queriendo escribir. Primero quise relatar cómo había sido la gala de la Mostra, luego, hablar de las Paellas del campus de Gandía. Más tarde, concentrar ambas cosas. Después, comentar pensamientos e ideas que vienen a la mente y crees que pueden ser lo suficientemente interesantes como para compartirlos. Pero, como sin duda habréis visto, no he hecho nada de eso.

El puente ya ha pasado, sin hacer nada extraordinario -como es habitual- pero disfrutando de tanta hora junta para no hacer nada molesto. Y ahora, en el inicio de mayo, justo cuando infinidad de trabajos y proyectos comienzan a asediarme, me voy de viaje. Y no un par de días, me voy de jueves a jueves, dejando en standy by todos esos trabajos y sabiendo que me esperarán, mucho más horribles, a mi vuelta. Pero, en realidad, me da igual. Necesito unas vacaciones de verdad. Necesito olvidarme de la rutina, de las mil cosas que tengo por hacer. Necesito pasármelo bien y no pensar en lo que tendré que hacer el día siguiente. Me voy una semana a Toulon, a ver a gente a la que echo de menos, a estar con dos de mis mejores amigas, a tener unos días increíbles, a recordar los maravillosos meses que pasé en esa ciudad. Salir de fiesta, tomar McFlurrys, comer kebab, tomar el sol, hacer millones de fotos, ver Nana, contar cosas, escuchar otras... Por unos días, será como si todavía viviera en el culo del mundo, en nuestro querido Toulon. Es una ciudad poco atractiva, aburrida, pero le tengo un cariño especial.

domingo, abril 20, 2008

COUNTDOWN

Escuchando: Prayer for the Paranoid, de Mojave 3. Sensacional.

Cada vez quedan menos días para la gala de la Mostra, y empiezo a preguntarme qué haré con mi tiempo una vez todo este marrón haya pasado. ¡No me lo voy a poder creer! Disponer de tiempo para no hacer nada, no tener que estar llamando a medio mundo, poder olvidarme el móvil en cualquier sitio sin temor a perder una llamada importante, volver a poder estar días sin consultar el correo de la universidad... Sólo quedan cuatro días y todo eso será mío, unbelievable.

Ver mi tiempo al alcance de la mano hace que piense en que llevo tres semanas sin ir al gimnasio, y ya me parece que hace mil años desde la última vez que toqué unas mancuernas, así que me temo que en breve volveré a sentir en mis músculos la familiar molestia de las agujetas.

Lo cierto es que esta es una situación habitual por la que todos pasamos: durante una época estamos hasta arriba de trabajo por algún motivo, siempre ocupados, maldiciendo todas esas horas y ansiando un merecido descanso, pero cuando todo acaba, tras un diminuto instante de absoluta sensación de libertad, empezamos a sentir que el tiempo nos sobra, y pronto ansiamos volver a tener las horas repletas de actividad.

Seguro que pronto no dejaré de repetirme lo mucho que me aburro, pero ahora sueño con que llegue el jueves y la Mostra ya sea un recuerdo (esperemos que impecable) en las mentes de todos.

martes, abril 15, 2008

RENOVARSE O MORIR

Escuchando: River Deep - Mountain Hight, de Ike and Tina Turner.

Confieso que tramo el fin de este blog desde hace meses.

No, no os alarméis. No planeo su fin real, sólo una destrucción necesaria para adaptarlo a los nuevos tiempos. En estos casi cinco años de vida, el blog ha acumulado una nada sana cantidad de código html que me impide actualizar adecuadamente el diseño y convertirlo en una de las modernas plantillas de Blogger. Por ello, desde hace algún tiempo trabajo en un diseño, ya con el nuevo sistema, que permita incorporar la mayoría de la información que quiero mantener de la que ahora se ve aquí. Pero claro, no es fácil. Entre Blogger que hace lo que le da la gana y el DreamWeaver que hace otro tanto, nunca aguanto más de una hora toqueteando. Y claro, así no hay quien avance.

Ahora acabo de cambiarle el color de fondo al blanco nuclear total, y la verdad es que parece otro, de todas formas. En realidad esta necesidad de migrar al sistema de plantillas no tiene nada que ver con cambiar el color blanco, simplemente quería ver, de una vez, el blog blanco, porque un misterioso efecto óptico me hacía verlo amarillento desde que creé este skin.

Volviendo a Blogger, esta es sólo una de las muchas razones que me mantienen alejado de la vida social en Internet últimamente. La principal es, como relaté hace unos días, la puta Mostra y el estrés universitario, pero cada vez que entro en mi blog siento unas terribles ganas de cambiarlo totalmente, pero al momento me desilusiono, viendo la montaña de trabajo que supondrá trasladar tanto contenido al nuevo sistema.

Necesito unas vacaciones. Creo que ya lo he dicho, de todos modos.

EDIT: Hora y media después, lo hice. Ya está todo con el nuevo sistema, ¡ya tenemos últimos comentarios y todo! Poco a poco iré adecuando todos los botoncitos a la nueva estética y puliendo los detalles que se me hayan pasado.