Escuchando: Con poco me lo monto, de Zodiacs.
Hace un par de semanas ya os comenté que me había tocado ser presidente de mesa electoral en las elecciones al Parlamento Europeo que se celebraron este domingo. Cuando me entregaron los papeles, entre ellos se encontraba una suerte de manual de instrucciones que describía todo lo que pasaría a lo largo de la jornada y cómo debía actuarse en cada caso.
Llegué al local a las 8 de la mañana. El resto de titulares y suplentes fueron apareciendo, y los enlaces del ayuntamiento mandaron a casa a estos últimos cuando quedó claro que todos los titulares habíamos aparecido. Hasta la apertura de las puertas, estuvimos conociéndonos, repartiéndonos la faena y preguntando dudas a los enviados de la administración. Al principio la cantidad de papeles, listas y actas que íbamos a usar nos preocuparon, pero pronto vimos que todo iba a ser bastante manejable.
Hasta la hora de comer vino mucha más gente de la que yo había esperado. Teníamos poco más de 400 electores censados en nuestra lista, y en las primeras horas ya habían depositado su papeleta más de 170. Como lo importante es que en todo momento haya al menos dos de los tres integrantes principales de la mesa (presidente y dos vocales), decidimos hacer turnos para ir a comer. Los dos interventores tenían más libertad, pero prefirieron comer en el local.
El día fue mucho mejor de lo que temía en un principio. Salvo por la tarde, donde sin duda hubo mucho menos movimiento, las horas pasaron rápidas. La votación era bastante entretenida, y en la mesa nos llevábamos todos muy bien los cinco: el interventor del PP, la interventora del PSOE, un vocal, la otra vocal y yo, el presidente y el más joven. Hubo bromas, las típicas conversaciones sobre las vidas de cada uno (¿de dónde eres?, ¿qué estudias/trabajas?...) y mucho comentario sobre los votantes, sus pintas y su comportamiento. Fue una jornada entretenida, que si bien fue indudablemente larga, no fue para nada pesada. A las 20:00 en punto cerramos el local y las dos mesas comenzamos el recuento. Nos repartimos el trabajo y en poquísimo tiempo acabamos de contar, y fue el momento de completar las actas y hacer las mil firmas que necesitaba todo. Hacia las 21:30 ya estaba todo recogido, los tres sobres precintados y empezaron las despedidas. Al otro presidente y a mí nos llevó la Policía Nacional a los juzgados para entregar dos de esos sobres, y luego nos volvimos caminando a casa, porque da la casualidad que vivimos en el mismo piso.
A las 22:00 ya estaba en mi casa, sabiendo que los resultados de mi mesa eran menos generosos de lo que estaban siendo en el conjunto del país. Afortunadamente. Cosa nada rara, de todos modos, después de ver la media de edad de los votantes que se acercaron a nuestra urna.
Hace un par de semanas ya os comenté que me había tocado ser presidente de mesa electoral en las elecciones al Parlamento Europeo que se celebraron este domingo. Cuando me entregaron los papeles, entre ellos se encontraba una suerte de manual de instrucciones que describía todo lo que pasaría a lo largo de la jornada y cómo debía actuarse en cada caso.
Llegué al local a las 8 de la mañana. El resto de titulares y suplentes fueron apareciendo, y los enlaces del ayuntamiento mandaron a casa a estos últimos cuando quedó claro que todos los titulares habíamos aparecido. Hasta la apertura de las puertas, estuvimos conociéndonos, repartiéndonos la faena y preguntando dudas a los enviados de la administración. Al principio la cantidad de papeles, listas y actas que íbamos a usar nos preocuparon, pero pronto vimos que todo iba a ser bastante manejable.
Hasta la hora de comer vino mucha más gente de la que yo había esperado. Teníamos poco más de 400 electores censados en nuestra lista, y en las primeras horas ya habían depositado su papeleta más de 170. Como lo importante es que en todo momento haya al menos dos de los tres integrantes principales de la mesa (presidente y dos vocales), decidimos hacer turnos para ir a comer. Los dos interventores tenían más libertad, pero prefirieron comer en el local.
El día fue mucho mejor de lo que temía en un principio. Salvo por la tarde, donde sin duda hubo mucho menos movimiento, las horas pasaron rápidas. La votación era bastante entretenida, y en la mesa nos llevábamos todos muy bien los cinco: el interventor del PP, la interventora del PSOE, un vocal, la otra vocal y yo, el presidente y el más joven. Hubo bromas, las típicas conversaciones sobre las vidas de cada uno (¿de dónde eres?, ¿qué estudias/trabajas?...) y mucho comentario sobre los votantes, sus pintas y su comportamiento. Fue una jornada entretenida, que si bien fue indudablemente larga, no fue para nada pesada. A las 20:00 en punto cerramos el local y las dos mesas comenzamos el recuento. Nos repartimos el trabajo y en poquísimo tiempo acabamos de contar, y fue el momento de completar las actas y hacer las mil firmas que necesitaba todo. Hacia las 21:30 ya estaba todo recogido, los tres sobres precintados y empezaron las despedidas. Al otro presidente y a mí nos llevó la Policía Nacional a los juzgados para entregar dos de esos sobres, y luego nos volvimos caminando a casa, porque da la casualidad que vivimos en el mismo piso.
A las 22:00 ya estaba en mi casa, sabiendo que los resultados de mi mesa eran menos generosos de lo que estaban siendo en el conjunto del país. Afortunadamente. Cosa nada rara, de todos modos, después de ver la media de edad de los votantes que se acercaron a nuestra urna.























